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Añoranza, benditos recuerdos

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Te voy a dar un dato un poco loco.

Justo después de ese Sevilla-Athletic se jugó en el Sánchez Pizjuan un Sevilla B-Cadiz. Se fue la inmensa mayoría de gente del estadio, llegaron los hooligans de las pelucas y yo me quedé viendo el partido con mi padre en gol norte.

Los viejos del lugar recordarán cuando eso pasaba, que despues del partido del Sevilla jugaba el Sevilla B.
“Los viejos del lugar”
Vete a chuparla tronco.
Me acuerdo perfectamente. Y de la apertura de puertas 15m antes de acabar los partidos.
 
“Los viejos del lugar”
Vete a chuparla tronco.
Me acuerdo perfectamente. Y de la apertura de puertas 15m antes de acabar los partidos.
yo a mis actuales 40 años me gusta contar las batallitas de como la gente aparcaba en la explanada del hoy Nervion Plaza o la famosa laguna Stirling del hueco ese donde iban a ir los cimientos de unos rascacielos que nunca se hicieron.

O las claves que salian en el ABC que te decia que Mariscos Gonzalez era el patrocinio del Compostela-Tenerife de turno o Pipas Sheepy "las de la gorra" eran las del Bilbao Athletic-Betis con el marcador a dos colores de gol sur.

En realidad diria que el 90% del floro minimo, se acuerda de algo de esto.
 
Comprarme una camiseta en el Kendall por ¿10000 pts? y escaquearme las clases en el Martínez para ver entrenar a Diego, Bengoechea y compañía
 
yo a mis actuales 40 años me gusta contar las batallitas de como la gente aparcaba en la explanada del hoy Nervion Plaza o la famosa laguna Stirling del hueco ese donde iban a ir los cimientos de unos rascacielos que nunca se hicieron.

O las claves que salian en el ABC que te decia que Mariscos Gonzalez era el patrocinio del Compostela-Tenerife de turno o Pipas Sheepy "las de la gorra" eran las del Bilbao Athletic-Betis con el marcador a dos colores de gol sur.

En realidad diria que el 90% del floro minimo, se acuerda de algo de esto.
Gooooool de Ecovol.
 
hace poco publiqué en mi substack justamente lo que fue mi primera experiencia en el Sánchez pizjuan, pero lo dejo pegado aquí directamente para evitar spam:

el primer amor nunca se olvida

«¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo (...) pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión» P. Sandoval en El Secreto de sus ojos, de J. J. Campanella.

Yo tenía 7 años cuando mi tía (la tita Loli), una tarde del verano 2002, un verano ya en su ocaso, le preguntó a mi madre si podía llevarme a ver el Sevilla. De aquel día no recuerdo absolutamente nada del partido. No recuerdo contra quién jugó ni cuánto quedó. No recuerdo eso, pero en mi memoria se quedaron grabados mil detalles extraños, en apariencia banales, pero que construirían la forma en la que, desde aquel momento, fui conociendo al que sería mi primer amor, el Sevilla.

Recuerdo el camino al estadio en un coche en el que íbamos todos apiñados; recuerdo entrar en la tienda del club y que mi tía me comprara la equipación, una equipación metida en una caja roja perfectamente diseñada. Aquella camiseta blanca como las sábanas recién lavadas que se orean al sol, de cuello de polo rojo, de ribetes dorados y con el escudo en el pecho, siguiendo las modas de los dosmiles. Recuerdo caminar por los aledaños del estadio, un estadio de hormigón, rodeado de albero, con gotelé en el exterior, donde chavales en su adolescencia se apelotonaban en cada puerta de entrada preguntando por “un carnet de sobra” como yonkis con el mono. Recuerdo que en 2002 los niños no necesitaban, todavía, carnet: entrábamos por debajo del torno: un fútbol que todavía no era, al menos en lo visible y tocable para el aficionado, un negocio clasista y elitista (como otro cualquiera). Recuerdo cambiarme en los vomitorios, colocándome la equipación al completo, con las medias incluídas. Aquellas medias eran blancas todavía. Quedarían 3 años para volver a las históricas medias negras que, fruto de la historia, el azar y el gafe, nos volvieron a hacer campeones. Recuerdo las barandas de hierro oxidado, recuerdo el hormigón y unos grandes escalones que enmarcaban un cielo azul. Al subirlos me llegó de golpe un torbellino de olores, colores y sonidos. El césped fresco y recién cortado; el rojo y el blanco de los aficionados que iban moviéndose como hormigas en su hormiguero; las conversaciones entremezcladas sobre la alineación, el partido y José Antonio Reyes (quien a la postre sería mi primer ídolo y la única persona por la que he llorado en el fútbol); la publicidad de mariscos gonzález (el sabor del buen marisco), el tema de “baila morena, sotto cuesta luna piena” de algún anuncio de coches o “si su casa tiene goteras, tecafil tiene la solución”; subir las empinadas escaleras hasta la fila y el asiento que con tantísimo trabajo se había pagado; los saludos de una nueva temporada, un largo verano sin ver a gente con la que solo coincidías cada dos domingos y que se convertían, como hermanos de alegrías y sufrimientos, en alguien más de la familia; los aplausos en pie cuando los once matatopos que entonces vestían mi camiseta salían a calentar; eran malísimos, a excepción del gitano de Utrera y algún otro, pero no se me olvidarán jamás: Notario, Juanmi, Njegus, Javi Navarro, Pablo Alfaro, Casquero, Francisco, Gallardo, Podestá, Torrado, Marcos Vales, Victor Salas, Toedtli, Moisés o Samways (Sanwi para nosotros); recuerdo la explosión de gritos, palmas y papelillos recortados cuando salían, finalmente, de corto, para empezar el partido. Eran otros tiempos (era otra la historia, que decía el anuncio de Quilmes para el mundial) y todavía no existía himno del centenario; entonces sonaba bien fuerte “Sevilla, Sevilla, Sevilla, el equipo de la casta y el coraje” acompañado de un bufandeo apabullante cuando cantábamos “vuelan, vuelan banderas y suenan palmas que nadie podrá imitar, somos el sevillismo que día y noche no paramos de animar”. You had to be there, que dicen los gringos. Qué cosa, el furbo, qué tramposo y qué nostálgico y dulce a la vez.

Aquel día se coronó con la espera a los futbolistas bajo el glorioso mosaico: sí, otros tiempos. Entonces no había estrellas que vestían extravagantemente y te ignoraban; entonces había gente decente que se paraba, hablaba contigo y se echaba una foto. Antoñito y Pablo Alfaro. Mi madre suele recordarme que nunca me había visto con la mirada que tenía cuando volví a mi casa, bien entrada la noche, llamando al timbre mostrando orgulloso la equipacion joma que me compró mi tía. Aquel día se fraguó una historia que, en realidad, comenzó el día que yo nací: cuando mi madre decidió que yo sería del Sevilla, porque así lo era ella y porque así lo era mi abuelo Antonio, y cuando mi otra tía (la tita Rocío) me compró aquella equipación umbro del año 95 con el 9 de Suker a la espalda. Aquel día de final de verano yo entendí que me había enamorado y eso ya era irreversible; que aquello me traería alegrías y disgustos, ansiedad y euforia, enfado y frustración, pero que aquello, en realidad, era el amor; aquello era, evidentemente, el primer amor con todas sus consecuencias: uno, por mucho tiempo que pase, nunca va a olvidarlo.
 
hace poco publiqué en mi substack justamente lo que fue mi primera experiencia en el Sánchez pizjuan, pero lo dejo pegado aquí directamente para evitar spam:

el primer amor nunca se olvida

«¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo (...) pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión» P. Sandoval en El Secreto de sus ojos, de J. J. Campanella.

Yo tenía 7 años cuando mi tía (la tita Loli), una tarde del verano 2002, un verano ya en su ocaso, le preguntó a mi madre si podía llevarme a ver el Sevilla. De aquel día no recuerdo absolutamente nada del partido. No recuerdo contra quién jugó ni cuánto quedó. No recuerdo eso, pero en mi memoria se quedaron grabados mil detalles extraños, en apariencia banales, pero que construirían la forma en la que, desde aquel momento, fui conociendo al que sería mi primer amor, el Sevilla.

Recuerdo el camino al estadio en un coche en el que íbamos todos apiñados; recuerdo entrar en la tienda del club y que mi tía me comprara la equipación, una equipación metida en una caja roja perfectamente diseñada. Aquella camiseta blanca como las sábanas recién lavadas que se orean al sol, de cuello de polo rojo, de ribetes dorados y con el escudo en el pecho, siguiendo las modas de los dosmiles. Recuerdo caminar por los aledaños del estadio, un estadio de hormigón, rodeado de albero, con gotelé en el exterior, donde chavales en su adolescencia se apelotonaban en cada puerta de entrada preguntando por “un carnet de sobra” como yonkis con el mono. Recuerdo que en 2002 los niños no necesitaban, todavía, carnet: entrábamos por debajo del torno: un fútbol que todavía no era, al menos en lo visible y tocable para el aficionado, un negocio clasista y elitista (como otro cualquiera). Recuerdo cambiarme en los vomitorios, colocándome la equipación al completo, con las medias incluídas. Aquellas medias eran blancas todavía. Quedarían 3 años para volver a las históricas medias negras que, fruto de la historia, el azar y el gafe, nos volvieron a hacer campeones. Recuerdo las barandas de hierro oxidado, recuerdo el hormigón y unos grandes escalones que enmarcaban un cielo azul. Al subirlos me llegó de golpe un torbellino de olores, colores y sonidos. El césped fresco y recién cortado; el rojo y el blanco de los aficionados que iban moviéndose como hormigas en su hormiguero; las conversaciones entremezcladas sobre la alineación, el partido y José Antonio Reyes (quien a la postre sería mi primer ídolo y la única persona por la que he llorado en el fútbol); la publicidad de mariscos gonzález (el sabor del buen marisco), el tema de “baila morena, sotto cuesta luna piena” de algún anuncio de coches o “si su casa tiene goteras, tecafil tiene la solución”; subir las empinadas escaleras hasta la fila y el asiento que con tantísimo trabajo se había pagado; los saludos de una nueva temporada, un largo verano sin ver a gente con la que solo coincidías cada dos domingos y que se convertían, como hermanos de alegrías y sufrimientos, en alguien más de la familia; los aplausos en pie cuando los once matatopos que entonces vestían mi camiseta salían a calentar; eran malísimos, a excepción del gitano de Utrera y algún otro, pero no se me olvidarán jamás: Notario, Juanmi, Njegus, Javi Navarro, Pablo Alfaro, Casquero, Francisco, Gallardo, Podestá, Torrado, Marcos Vales, Victor Salas, Toedtli, Moisés o Samways (Sanwi para nosotros); recuerdo la explosión de gritos, palmas y papelillos recortados cuando salían, finalmente, de corto, para empezar el partido. Eran otros tiempos (era otra la historia, que decía el anuncio de Quilmes para el mundial) y todavía no existía himno del centenario; entonces sonaba bien fuerte “Sevilla, Sevilla, Sevilla, el equipo de la casta y el coraje” acompañado de un bufandeo apabullante cuando cantábamos “vuelan, vuelan banderas y suenan palmas que nadie podrá imitar, somos el sevillismo que día y noche no paramos de animar”. You had to be there, que dicen los gringos. Qué cosa, el furbo, qué tramposo y qué nostálgico y dulce a la vez.

Aquel día se coronó con la espera a los futbolistas bajo el glorioso mosaico: sí, otros tiempos. Entonces no había estrellas que vestían extravagantemente y te ignoraban; entonces había gente decente que se paraba, hablaba contigo y se echaba una foto. Antoñito y Pablo Alfaro. Mi madre suele recordarme que nunca me había visto con la mirada que tenía cuando volví a mi casa, bien entrada la noche, llamando al timbre mostrando orgulloso la equipacion joma que me compró mi tía. Aquel día se fraguó una historia que, en realidad, comenzó el día que yo nací: cuando mi madre decidió que yo sería del Sevilla, porque así lo era ella y porque así lo era mi abuelo Antonio, y cuando mi otra tía (la tita Rocío) me compró aquella equipación umbro del año 95 con el 9 de Suker a la espalda. Aquel día de final de verano yo entendí que me había enamorado y eso ya era irreversible; que aquello me traería alegrías y disgustos, ansiedad y euforia, enfado y frustración, pero que aquello, en realidad, era el amor; aquello era, evidentemente, el primer amor con todas sus consecuencias: uno, por mucho tiempo que pase, nunca va a olvidarlo.
Me encanta pero, eso sí, me ha chocado leer una historia de otros tiempos y pensar que hablas de 2002. Para mí 2002 (y sé que son 24 años, casi un cuarto de siglo) se me hace aún actual. Me tengo que retrotraer a los primeros 90 para pensar en algo lejano. Pero claro, supongo que eso tiene que ver con la edad de cada uno y algunos somos ya bastante viejunos. Para los nacidos en los primeros 80, son los primeros 90 los primeros recuerdos y los que asociamos a algo ya un poco lejano. Imagino que para los nacidos en los 60 o 70 los 90 les resultarán actuales.
 
Me encanta pero, eso sí, me ha chocado leer una historia de otros tiempos y pensar que hablas de 2002. Para mí 2002 (y sé que son 24 años, casi un cuarto de siglo) se me hace aún actual. Me tengo que retrotraer a los primeros 90 para pensar en algo lejano. Pero claro, supongo que eso tiene que ver con la edad de cada uno y algunos somos ya bastante viejunos. Para los nacidos en los primeros 80, son los primeros 90 los primeros recuerdos y los que asociamos a algo ya un poco lejano. Imagino que para los nacidos en los 60 o 70 los 90 les resultarán actuales.
Claro, para mí, otros tiempos eran 2002 que es cuando empecé a ir al fútbol y, aún así, creo que en esos años aún no se había producido el cambio drástico en cuanto a la forma y la gestión. Ya te digo que yo ni siquiera necesitaba carnet, y así estuve esa temporada y no sé si otra más.

Edit. Aparte no me refiero en el texto a que sea muy antiguo lo que cuento sino que es cómo yo entré en contacto con el Sevilla. Hace 24 años de eso, que ya ha llovido. A veces pensamos en los primeros dosmiles como hace dos días, pero ha llovido u mucho.
 
Me encanta pero, eso sí, me ha chocado leer una historia de otros tiempos y pensar que hablas de 2002. Para mí 2002 (y sé que son 24 años, casi un cuarto de siglo) se me hace aún actual. Me tengo que retrotraer a los primeros 90 para pensar en algo lejano. Pero claro, supongo que eso tiene que ver con la edad de cada uno y algunos somos ya bastante viejunos. Para los nacidos en los primeros 80, son los primeros 90 los primeros recuerdos y los que asociamos a algo ya un poco lejano. Imagino que para los nacidos en los 60 o 70 los 90 les resultarán actuales.
Por ahí tengo un post de hace unos años del censo de edad del floro. Supongo que andaremos por la misma
 
Por ahí tengo un post de hace unos años del censo de edad del floro. Supongo que andaremos por la misma
Mi primer partido fue un Sevilla-Burgos de la 91-92 aunque es cierto que recuerdo ver partidos del Sevilla en la tv o escucharlos en la radio (la mayoría) desde que era un moco. Aquí uno del 81.
 
Censo floril:
Tengo 40 años (de 1986)

Mi primer partido no consciente fue en 1988 un Sevilla 4-Las Palmas 0.

Mi primer partido que recuerdo medianamente nítido fue en 1991 un Sevilla 3-Castellon 0.
 
El Castellón en primera!!!! No sé si es un recuerdo correcto o imaginario, pero me viene la imagen de estar escuchando un Castellón-Sevilla por el pinganillo de la radio un Domingo de Ramos mientras veía pasos.

Yo debo ganar a la inmensa mayoría del foro en años (y en pelos, jajaja). Recuerdo hasta de haber ido a la calle Harinas a renovar el carnet. Mi primer presidente fue Eugenio Montes Cabezas.

Y también recuerdo haber leído en la revista del club de esa época (Sevillismo) reportajes sobre la sección de halterofilia.

Hilo para leer con el pañuelito a mano :).
 
Que recuerde en el campo: empate a 1 con el Oviedo. Suker de penalty.


También tengo en casa de mis padres un banderín firmado por la plantilla de la 94-95 y un balón del mismo año o del siguiente, también firmado por todos, que me dió Gaby Moya y que me tocó en el sorteo del McDonalds del Cristina donde se celebraban todos los cumpleaños del colegio.
 
El Castellón en primera!!!! No sé si es un recuerdo correcto o imaginario, pero me viene la imagen de estar escuchando un Castellón-Sevilla por el pinganillo de la radio un Domingo de Ramos mientras veía pasos.

Yo debo ganar a la inmensa mayoría del foro en años (y en pelos, jajaja). Recuerdo hasta de haber ido a la calle Harinas a renovar el carnet. Mi primer presidente fue Eugenio Montes Cabezas.

Y también recuerdo haber leído en la revista del club de esa época (Sevillismo) reportajes sobre la sección de halterofilia.

Hilo para leer con el pañuelito a mano :).
Ojalá llevar allí a Marcão y que no pille sitio en la primera plantilla.

Un recuerdo que acabo de tener de pronto es el de la afición visitante más jartible que he soportado en mi vida, el MOLDE.

Un solo cántico. Uno solo. Cantar "MOLDE" la mitad de su grada para que la otra le responda con un original "MOLDE".
Era tan ridículo que mi grada (que estaba cerquita) le rió la gracia y les respondió con otro MOLDE! cuando empezaron a flaquear.

Y SE PASARON ASÍ 50 MINUTOS SEGUIDOS. JODER.

VER UNA MITAD ENTERA DE UN PARTIDO CHUNGUERO DE CHAMPIONS CON UNA MANADA DE POKEMON GRITANDO, ME QUERÍA MORIR.




(hala, ya me desahogué)
 
El Castellón en primera!!!! No sé si es un recuerdo correcto o imaginario, pero me viene la imagen de estar escuchando un Castellón-Sevilla por el pinganillo de la radio un Domingo de Ramos mientras veía pasos.

Yo debo ganar a la inmensa mayoría del foro en años (y en pelos, jajaja). Recuerdo hasta de haber ido a la calle Harinas a renovar el carnet. Mi primer presidente fue Eugenio Montes Cabezas.

Y también recuerdo haber leído en la revista del club de esa época (Sevillismo) reportajes sobre la sección de halterofilia.

Hilo para leer con el pañuelito a mano :).
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid... Este enero, por el aniversario del Sevilla, me apunté a hacer el tour que organiza el club por la ciudad explicando sus orígenes. Yo, que soy bastante friki de la historia en general, lo recomiendo.
En fin, me explicaron la sede de la calle Harinas, que ahora es una academia de inglés para españoles por la mañana y de español para ingleses por la tarde, o viceversa, no recuerdo, pero como conocían al conserje nos dejaron pasar y deambular por el edificio. Este por dentro es maravilloso, lleno de detalles y leyendas, como un mosaico de una Virgen que siempre tiene una luz encendida porque la vez que se apagó murió alguien.
Whats-App-Image-2026-08-05-at-14-20-01.jpg

Nos enseñaron las antiguas dependencias, como el despacho del presidente o la sala de juntas, desde la que está hecha esta fotografía al patio interior, y rápidamente te das cuenta de que siguen ahí, viendo pasar el tiempo como la Puerta de Alcalá, vestigios de esos años. Para los floreros a los que la presbicia ya hace años que le es familiar, arriba, tanto a izquierda como a derecha.
En fin, detalles que siempre gusta conocer, saber y descubrir.
 
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid... Este enero, por el aniversario del Sevilla, me apunté a hacer el tour que organiza el club por la ciudad explicando sus orígenes. Yo, que soy bastante friki de la historia en general, lo recomiendo.
En fin, me explicaron la sede de la calle Harinas, que ahora es una academia de inglés para españoles por la mañana y de español para ingleses por la tarde, o viceversa, no recuerdo, pero como conocían al conserje nos dejaron pasar y deambular por el edificio. Este por dentro es maravilloso, lleno de detalles y leyendas, como un mosaico de una Virgen que siempre tiene una luz encendida porque la vez que se apagó murió alguien.
Whats-App-Image-2026-08-05-at-14-20-01.jpg

Nos enseñaron las antiguas dependencias, como el despacho del presidente o la sala de juntas, desde la que está hecha esta fotografía al patio interior, y rápidamente te das cuenta de que siguen ahí, viendo pasar el tiempo como la Puerta de Alcalá, vestigios de esos años. Para los floreros a los que la presbicia ya hace años que le es familiar, arriba, tanto a izquierda como a derecha.
En fin, detalles que siempre gusta conocer, saber y descubrir.
Este sitio, si no me equivoco, lo meten en algunas de las rutas de Sevilla paranormal (abstenerse beticos) que te hacen por el centro.
 
Que recuerde en el campo: empate a 1 con el Oviedo. Suker de penalty.


También tengo en casa de mis padres un banderín firmado por la plantilla de la 94-95 y un balón del mismo año o del siguiente, también firmado por todos, que me dió Gaby Moya y que me tocó en el sorteo del McDonalds del Cristina donde se celebraban todos los cumpleaños del colegio.
recuerdos de vietnam de esa temporada:

Primera jornada de liga 94/95: Sevilla-Real Madrid.
bajo con mi padre a por una cosa al coche justo antes de que empiece el partido.
subo a casa y vemos que va perdiendo 0-2 en el minuto 5 (mitico Canal Sur con Ladron de Guevara)
 
Yo tengo guardada en mi mesilla de noche unas bragas de batallaeo de mi señora, pero por la cantidad de veces que las habré bajado, cuando me siento mal, las miro y me siento mejor

Por supuesto están limpias eh
 
Mi primera vez en el Pizjuan no la recuerdo. Tuvo que ser alrededor de 1965. Vivíamos en Nervión cerca del estadio y recuerdo ir andando a los partidos. De todas maneras no teníamos coche entonces. También íbamos a ver el equipo de baloncesto a Piscinas Sevilla.
Tengo un recuerdo borroso de el equipo perdiendo un partido y el público pidiendo la vuelta de Arza como entrenador.
Recuerdo también una promoción para no bajar a segunda.
 
Última edición:
Mi primera vez en el Pizjuan no la recuerdo. Tuvo que ser alrededor de 1965. Vivíamos en Nervión cerca del estadio y recuerdo ir andando a los partidos. De todas maneras no teníamos coche entonces. También íbamos a ver el equipo de baloncesto a Piscinas Sevilla.
Tengo un recuerdo borroso de el equipo perdiendo un partido y el público pidiendo la vuelta de Arza como entrenador.

Que buena esa.

Yo si recuerdo la primera vez en el Pizjuan, con 9 años, mi padre detesta el fútbol, así que mi vecino del cuarto, bético él (que también hay béticos que no son subnormales) me llevó a ver un Sevilla 2 - Celta 1.

Lo recuerdo como si fuera ayer, estuvimos en Gol Norte, y se adelantó el Celta con un cantadón de Dassaev. Para finálmente remontar el Sevilla, goles doblete de Polster.

Este: https://www.transfermarkt.mx/sevilla-fc_celta-de-vigo/index/spielbericht/2348396

Por supuesto la entrada ni de broma me la iba a pagar mi padre, me llevaron por que me dieron entradas a la salida del cole. Con esa edad, pese a que mis hermanos eran del Betis y mi padre sudaba del fútbol, me hice Sevillista
 
Mi primer partido en el estadio fue un Sevilla-real sociedad, ganamos 3-1, en el año 93. Yo tenía 10 años y me llevó mi tío, que iba a muchos partidos porque un primo suyo y su padre eran taquilleros en el Sevilla y le pasaba entradas para fondo.
Dos años después estaba haciendo cola para sacarme el abono junto con tres colegas.
 
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