Lo primero que tengo que decir, es que, como no podía ser de otra forma, estoy contento y me siento aliviado por el final de la temporada.
Algunos ya sabíais que llevaba varias semanas defendiendo a capa y espada la permanencia, tan claro lo veía. Aún así, ha supuesto un desgaste emocional enorme superar el año.
Te todo, me quedo con los últimos tres partidos en casa. Esa comunión grada-equipo se había perdido y recuperarla ha hecho que haya recurado de nuevo un poco la ilusión por el fútbol.
Pero la realidad es bien distinta, la realidad es que cada vez me siento más alejado de lo que para mí siempre ha sido, no una emoción, ni una pasión, una forma de vida, algo que llevaba tan adentro que dictaba cómo me iba a encontrar los días posteriores a los partidos
Y eso, poco a poco, siento que me lo han ido quitando. Sí, queda la alegría, la pena, los momentos compartidos, pero, ese sentimiento de pertenencia pura, de formar parte de algo de verdad, no como un número en un trozo de plástico o QR que solo te da derecho a un asiento estrecho e incómodo, me lo han arrebatado.
Yo era demasiado joven el club se convirtió en SAD y mi padre no supo o quiso comprar acciones, así que nunca he sido accionista. Sin embargo, nunca me ha hecho falta para sentirme parte del club.
Pero, ahora, ya no reconozco esos sentimientos en mi. La desafección tan enorme que ha mostrado la clase dirigente, lo poco que ha demostrado importarle el club, la impotencia de poder hacer nosotros algo por cambiar las cosas… Todo me ha llevado a no reconocer este fútbol y este equipo como el que siempre he vivido.
No os equivoquéis, seré sevillista hasta después de mi muerte, lloraré de alegría y de tristeza con cada resultado, pero este hace tiempo que dejó de ser mi Sevilla.
Por eso solo puedo decir una cosa, mi odio más profundo, absoluto y visceral al fútbol moderno, profesional y actual. Ojalá todo el que se lucre de la ilusión y emoción de los aficionados aficionados sin devolver nada a cambio acabe en la más absoluta de la misera.
Y ahora, tenéis que perdonarme por el tocho, pero es que me ha poseído el espíritu de
@Tarifa.